jueves, 27 de octubre de 2011

Caparazón de tortuga

Salió a la terraza temiendo encontrarse otra vez con la mirada inquisitiva de la tortuga, pero esta vez la tortuga estaba oculta en su caparazón. No hizo ademán de salir. Solamente estaba allí pero sin estar.

Eso le hizo reflexionar sobre su propio caparazón. Él también lo tenía, aún que no fuera visible, pero lo tenía. Pensó que, al igual que la tortuga, él también se escondía y lo hacía más de lo que gustase reconocer.
No sabía si los demás se lo notaban pero casi siempre estaba oculto tras esa coraza. Oculto donde nada ni nadie le podía hacer daño.
Se ocultaba detrás de su sonrisa y sus comentarios graciosos. Alguna vez sin quererlo asomaba la cabeza pero en cuanto se daba cuenta de que la gente le notaba diferente se volvía a esconder. Allí se estaba más calentito y seguro.

Mientrás reflexionaba sobre ello cayó en la cuenta de las muchas cosas que se había perdido por no salir de su zona de seguridad, seguridad que por otro lado no era real pero en la cual se empeñaba en creer.

Nunca había tenido el valor de decir lo que sentía, no tiene ningún confidente porque cree que eso le haría débil, que al final todo lo pudiera decir sería utilizado contra él. Esta más seguro no diciendo nada y esperando a que las cosas pasen. Pero así no lograría nada de todo lo que deseaba.

Pero, ¿qué podía hacer? Él era así y así seguiría siendo. Seguramente se perderá cosas maravillosas pero también se librará de muchos golpes.


2 comentarios:

  1. Ya puedes empezar esa lista de cosas que quieres hacer igual que he hecho yo, y que no se diga que no las haces porque no te atreves. Yo empezaría fuerte, con un puenting o paracaidismo, una vez ahí creo que ya te irás deshaciendo de ese caparazón.

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  2. No se yo si haré esa lista. No creo que me atreva a hacerla

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