Es otro sábado noche y otra vez estoy en casa. Será raro, pero no me preocupa. Nunca me ha gustado la fiesta, solo en ocasiones especiales.
Esto ha sido así desde el inicio de los tiempos. Nunca le he visto la gracia a salir todos los sábados para entrar en bares abarrotados, pagar un precio excesivo por una copa que deja mucho que desear y "pegarte" por medio metro cuadrado para escuchar una música que no me gusta nada. Si salgo, me gusta ir a un bar en condiciones, es decir, que no infrinja las leyes de sanidad, y tomarme allí una copa que cuando me la tome no duela el alma por haber pagado por ella. Ya con mi copa me gusta sentarme junto a mis amigos y aún que la música esté sonando pueda hablar con ellos. Soy así de soso, que le vamos a hacer.
Muchas veces me he planteado el salir de fiesta pero casi siempre me pasa lo mismo. Mientras me preparo para salir empiezo a pensar en que voy a conseguir saliendo y al final paso de tener unas ganas tremendas de salir a decirme "¿cómo pudiste pensar en salir?" y me quedo en casa.
Nunca me he arrepentido de no salir pero me suelo preguntar por que no seré como los demás, en teoría es lo que me toca hacer en mi edad, pero dudo que ya cambie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario