Algo hizo que dejase de dar de beber a sus plantas, la tortuga le estaba mirando. Algo tenía aquella mirada que le hizo abstraerse mientras miraba esos ojos inexpresivos y fríos.
Se dio cuenta de que ya había consumido un tercio de su posible vida y ¿cual era el bagaje de todo ese tiempo? Un puñado de euros, objetos "necesarios" y más sueños por realizar de los que jamás se atreverá a realizar.
La mirada imperturbable de la tortuga le interrogaba, empezó a notar un agobio que no tenía ningún sentido. ¿Cómo una tortuga podía hacerle sentir así?, no era la tortuga, era el vacío que encontraba en si mismo. Son demasiadas las cosas que no ha hecho porque no se ha atrevido a realizar. Porque ese es su mayor problema, no se atreve a darse un golpe, quizás porque le dolieron algunos hace tiempo pero de los que ya no quedan más que unos vagos recuerdos. Prefiere perderse cualquier nueva sensación antes que volver a caer.
Se perderá sensaciones comunes pero que son las que le dan un toque de color a la vida como hacer alguna locura, viajar sin importar a donde ni como, enamorarse... Porque como una vez se la jugó y perdió piensa que si no vuelve a jugar no volverá a perder.
Algo hizo que saliera de su trance y la tortuga aún seguía ahí pero ahora miraba hacia la ventana, quizás porque le aburrían los pensamientos de aquel tipo que estaba allí plantado con una botella de agua o quizás dándole a entender que allí fuera podía encontrar todo lo que tanto anhelaba.
Cuando se recuperó de la experiencia tenía una sensación entre el desasosiego y la esperanza.
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